Las lluvias volvieron a escena en el corazón agrícola argentino y marcaron un cambio de tendencia tras semanas de marcada restricción hídrica. Sin embargo, el alivio llegó acompañado de tormentas severas, granizo y una fuerte oscilación térmica, en un escenario que combina recuperación del perfil de humedad con riesgos productivos para la soja y el maíz.
De acuerdo con la última Perspectiva Agroclimática de la Bolsa de Cereales, “al inicio de la perspectiva se completará el paso de un frente de tormenta (…) produciendo lluvias muy desparejas”, concentradas sobre el centro del NOA, la Región del Chaco, el sur del Paraguay y sectores de Cuyo, mientras que “el resto del área agrícola” recibirá registros moderados a escasos.
El informe advierte además que el frente será seguido por una fuerte oscilación térmica. Primero, el ingreso de una masa de aire fresco provocará “temperaturas bajo lo normal en la mayor parte del área agrícola”. Pero hacia el cierre del período “retornarán con vigor los vientos del trópico, produciendo temperaturas sobre lo normal”, con máximas superiores a 40°C en el norte del país.
En paralelo, el relevamiento semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) para la región núcleo habla directamente de un “punto de inflexión para la región”. En siete días se acumularon en promedio 64 milímetros, con registros que superaron los 80 mm en el sudeste cordobés y picos de hasta 98 mm en Idiazábal.
“La segunda mitad de febrero arrancó con un positivo cambio de condiciones para las zonas pluvialmente más postergadas”, señaló el consultor Elorriaga en el informe. Según explicó, el desplazamiento del sistema de alta presión permitió finalmente el ingreso de precipitaciones, pero el choque entre aire cálido y húmedo del norte y una masa fría patagónica generó “tormentas de gran violencia”.
El núcleo más severo abarcó unas 400.000 hectáreas entre el centro-sur santafesino y el sudeste cordobés. Allí se reportaron ráfagas intensas y caída de granizo, con daños significativos en soja y maíz. “En los casos más severos, el granizo directamente barrió lotes de soja y maíz”, detalla el informe.
En soja de primera, se observan caída de vainas y deshoje; en maíz, desgrane y quebrado de plantas. La magnitud final de las pérdidas aún se está evaluando debido a caminos anegados y dificultades para ingresar a los campos.
Desde el punto de vista agronómico, el agua llegó en un momento crítico para la soja. La BCR advierte que, si bien “el agua llegó tarde para revertir daños”, logró detener el deterioro del cultivo y frenar la caída de rindes.
En zonas como Acebal, los técnicos señalaron que la lluvia “ayuda a que progrese el cultivo y no estemos ante un panorama de sequía total”. Aun así, estiman que en el mejor de los casos la soja de primera difícilmente supere los 35 quintales por hectárea, con pisos que podrían ubicarse entre 20 y 25 qq/ha según el llenado de grano.
En el caso de la soja de segunda, la situación es más delicada. El informe contabiliza 71.000 hectáreas perdidas a nivel regional y describe lotes con entrenudos cortos, manchoneados y plantas envejecidas. “La pérdida ya es muy grande, la lluvia llegó tarde como para salvarlas”, resumieron asesores del sudeste cordobés. En las zonas más castigadas, los promedios esperados se ubican entre 15 y 20 qq/ha.
Aun así, las lluvias mejoraron el estado general: los cuadros entre regulares y malos bajaron del 12% al 5% del área en una semana, mientras que el 85% de la soja de primera se encuentra en condición buena a excelente.
De cara a los próximos días, ambos informes coinciden en que la inestabilidad continuará. La Bolsa de Cereales prevé nuevas precipitaciones sobre el norte y el centro del país, aunque “dejando a la mayor parte del área agrícola con aportes moderados a escasos”.
En la región núcleo, la BCR anticipa probabilidad de chaparrones aislados e intermitentes hasta comienzos de la próxima semana. Sin embargo, el informe climático advierte que, en los próximos quince días, el centro y sudeste de la zona GEA requieren más de 100 milímetros adicionales, e incluso entre 140 y 160 mm en algunos núcleos, para alcanzar condiciones óptimas de humedad.
En síntesis, febrero muestra un giro positivo en el régimen de lluvias, con acumulados que en amplias zonas se aproximan a la media histórica. Pero el impacto final en la campaña gruesa dependerá no sólo del volumen acumulado, sino también de la oportunidad del aporte de agua, la recurrencia de eventos extremos y la evolución térmica en las próximas semanas.
