Y, claramente, hoy no es un día más. Hace unos 136 años, según él mismo lo decidió, nacía Benito Juan Martín… para nosotros, Quinquela. Fue dejado en la ex Casa Cuna, envuelto en medio pañuelo de seda bordado que auguraba que algún día vendrían a buscarlo… por eso no conocemos su fecha exacta de nacimiento.
Siete años después, el guardapolvo gris que lo acompañó en sus primeros años quedaría para otro niño abandonado. Justina y Manuel Chinchela, un matrimonio de carboneros de La Boca, lo hacían hijo suyo.
La pobreza lo obligó a dejar la escuela temprano y a dedicarse primero al reparto de carbón y luego a la dura tarea de cargar bolsas en el puerto. Pero su espíritu no estaba allí. “El mosquito”, como lo llamaban sus compañeros, volaba alto con la imaginación y en los ratos libres dibujaba con carbón sobre papel, más tarde con colores comprados a puro esfuerzo.
Y así voló tan alto que no tardó en pasar de pintar retratos por un par de zapatos a exponer en las galerías más importantes del mundo. Como su magia pictórica no le alcanzaba, le dio nueva vida a su amada Boca del Riachuelo y logró transformar aquel rincón gris, marcado por el carbón y el hambre, en el sitio vibrante y pintoresco que hoy todos quieren conocer. Cubrió de color un barrio que, hasta su llegada, solo era blanco y negro.
Desde el Riachuelo se alzan una escuela-museo, un teatro, un hospital odontológico, un jardín de infantes, una escuela de artes gráficas para obreros… todo impregnado de esa paleta intensa y fruto de su generosidad hacia la comunidad que ayudó a forjar.
Pero ¿cómo podía él, que de no tener nada pasó a tenerlo todo, dejar atrás a los suyos y no compartir su abundancia y su alegría? No podía sentirse pleno si otros no accedían a una vida digna como la que había conquistado… y así devolvía, a través de sus donaciones, mucho más de lo que había recibido.
Hoy celebramos nuevamente su vida: la de entonces, cuando cargaba espátulas y sueños, y la de ahora, que sigue iluminando nuestro camino cotidiano.
Quinquela nunca se fue. Jamás abandonó el puerto de La Boca ni a nosotros, su familia por adopción. Somos quienes seguimos cargando cada día nuestras propias bolsas en los astilleros de la vida, quienes creemos que todos pueden alcanzar una existencia digna descubriendo sus dones y entregándolos a la sociedad para construir un mundo más justo.
Benito nos impulsa a buscar algo mejor, a no abandonar los sueños, a motivar especialmente a los jóvenes para que no aflojen y sepan que del otro lado de la rampa de los estibadores hay un futuro lleno de colores, aunque a veces parezca gris.
Es difícil pensar en él y no sonreír. Su vida fue una celebración constante, aunque sus legatarios sepamos que no todo fue sencillo. Nada más dulce que imaginar su alma elevándose en el horizonte luminoso de un atardecer portuario.
Y a su lado, Marta (Alejandrina), que lo esperó siempre y poco tiempo después partió tras él, como en esas historias de amor infinito que dejan huellas eternas.
A veces la tarea no es fácil, pero siempre es hermosa. Sus herederos y amigos celebramos este nacimiento como el de un prócer del arte argentino que llevó la Argentina al mundo y nos regaló un pedazo de tierra vibrante que nadie deja de visitar cuando pasa por nuestro Buenos Aires.
Sí, Maradona, Messi, Francisco… y el pintor de La Boca. ¿Quién no vio alguna vez una imagen de ese Caminito, lugar inspirador y único e irrepetible en todo el planeta?
De la pobreza gris a la riqueza luminosa: eso hizo nuestro prócer en su vida y en la de todos los que tocó con su espátula mágica. Ese es, sin dudas, el legado que asumimos como familiares y amigos.
Quinquela no quiso más reconocimiento que ser llamado “el pintor de La Boca” y vivió para eso. Sin saberlo, se convirtió en un libertador de almas y de sueños atrapados.
Quienes seguimos homenajeándolo no aspiramos a más que ser fieles discípulos, aportando cada día un poco más de color para que el mundo nunca vuelva a ser gris.
Gracias por tanto, Benito. Feliz cumpleaños, hoy y siempre.
Representante legal de la familia Quinquela. Fundación Benito Quinquela Martín.
